El otro día mientras caminaba a casa de mi novia me puse a pensar (como casi siempre) en mil y un tonterías, sin embargo por alguna razón una idea llamó poderosamente mi atención y es que me puse a pensar en las múltiples desventajas del software privativo.

En este blog generalmente hablo de las bondades del software libre y como “daño colateral” pongo ejemplos negativos con el software privativo, sin embargo creo que en pocas ocasiones he dedicado un post al software privativo (o para no herir suceptibilidades, software propietario o cerrado).

Pues bien como les decía iba caminando y reparé en que las corporaciones de software privativo se “mueven” exactamente igual que los carteles de droga, ¿cómo es esto?

Hace algún tiempo hablé de que en teoría económica un cartel es un acuerdo formal entre empresas del mismo sector, cuyo fin es reducir o eliminar la competencia en un determinado mercado. Los cárteles suelen estar encaminados a desarrollar un control sobre la producción y la distribución de tal manera que mediante la colusión de las empresas que lo forman éstas forman una estructura de mercado monopolística, obteniendo un poder sobre el mercado en el cual obtienen los mayores beneficios posibles en perjuicio de los consumidores.

Por ello, las consecuencias para éstos son las mismas que con un monopolista solo que la diferencia radica en que los beneficios totales (es decir, los máximos posibles de conseguir en el mercado) son repartidos entre los productores. Sus principales actividades se centran en fijar los precios, limitar la oferta disponible, dividir el mercado y compartir los beneficios.

Después de leer qué es un cartel, nos podemos dar cuenta de que la industria del software (y otras más) tienen una estructura y sistema muy parecida a la de la definición, esto obviamente trae serias afectaciones a nosotros los consumidores como precios altos, limitación en la distribución (hay países que sólo tienen acceso a ciertas versiones de ciertos sistemas operativos, si no me creen pregunten por la versión “starter” de Windows 7), pero las similitudes van más allá.

Una de las desventajas de las que menos he oído cuando se habla de software privativo es el de la dependencia y es que a veces no nos damos cuenta que tan dependientes nos volvemos ya no digamos a la tecnología sino a ciertas aplicaciones o para el caso que hoy me interesa, a ciertos proveedores de software.

Hace algunos semestres cursé una materia que me gustó mucho, la materia en cuestión era Seguridad Nacional y el profesor era (bueno sigue siendo) Manuel Quijano, un excelente profesor, experto en temas de Seguridad Nacional y Administración Pública, en esa materia aprendí muchas cosas y entendí que el concepto de seguridad nacional es mucho más complejo de lo que muchos imaginamos, vamos pues que no se trata de una materia en la que se habla de espionaje y técnicas de supervivencia en casos extremos como James Bond, el concepto de Seguridad Nacional generalmente se confunde meramente con cuestiones militares sin embargo tiene que ver con todos nosotros pues la Seguridad Nacional vela no sólo por los intereses de la Nación y la reproducción del régimen sino también vela por la seguridad de quienes conforman esa nación, es decir nosotros los ciudadanos.

Bueno, el asunto es que para el profesor Quijano hay temas que son inherentes a la Seguridad Nacional y uno de estos es la capacidad de desarrollo de ciencia y tecnología, y es que es vital para cualquier país poder desarrollar su propia ciencia y tecnología, porque así elimina dependencias de otros países. Esto es algo que en Latinoamérica (salvo honrosas excepciones como Brasil) no hemos entendido, cada día importamos más y más tecnología cortando de tajo no sólo el desarrollo de ciencia y tecnología propia sino también generando fuertes dependencias hacia externos lo cual en casos extremos puede llegar a significar violaciones a la soberanía nacional.

En México como he dicho, tenemos sobrada experiencia en el ramo de la dependencia tecnológica, uno de los ejemplos más claros es nuestra industria petrolera, la cual fue sumamente productiva hace algunos ayeres sin embargo poco o nada de lo producido fue a parar en beneficios directos a la ciudadanía, en parte porque se gastaba en miles de cosas inútiles y hasta ilegales y otra porque teníamos que pagar altos costes por el uso de tecnologías externas.

Pues bien, este mismo fenómeno pasa con el software privativo y en especial (ahí si ni modo, no hay de otra) con Microsoft, yo me atrevería a decir que un 95% de las computadoras en este país (computadoras en empresas, caseras y gubernamentales) usan algún SO de Microsoft, desde Windows 98 (aunque usted no lo crea aún se usa), pasando por Windows ME y Windows XP, hasta el más reciente Windows 7 (del cual por cierto se me ha olvidado publicar una entrada, pues me lo acaban de instalar en la oficina:(), pues bien, entonces si hablamos del 95% de las computadoras de un país, eso nos da un total de….. un chorro de computadoras (ya nos lo dirá el INEGI próximamente con los datos del actual censo) que dependen en mayor o menor medida de un sólo proveedor de software, en este caso Microsoft, ahora bien, me voy a centrar sólo en las computadoras gubernamentales (esto lo hago por que ya había hecho algunas investigaciones sobre los SO’s y el uso que tienen en la Administración Pública y porque creo que el ejemplo que pondré a continuación se explica mejor con este tipo de computadoras), en este tipo de computadoras se guarda información por demás valiosa, digo no es que piense que las fotos de sus últimas vacaciones no son información valiosa, pero la verdad hay de información a información y la información que se guarda en las computadoras gubernamentales tiene un valor un poco más rentable por decirlo de alguna forma.

Ahora, imaginen, sólo imaginen porque seguro que esto nunca ha pasado (sarcasmo mode on), que un buen día Microsoft decide acceder a toda esa información, ¿porqué lo harían?, por la simple, y sencilla, porque pueden.

Uno de los grandes problemas que se le achacan al software privativo es la imposibilidad (al menos no de forma natural o legal) de acceder al código fuente ¿y esto porqué?, pues porque al no conocer el código fuente, tampoco podemos saber cómo funciona el programa, al no saber cómo funciona el programa, no sabemos a ciencia cierta qué es lo que hace el programa y mientras nosotros utilizamos sin temor alguno digamos…. messenger, tal vez (conste que dije tal vez) por medio de back ports (puertas traseras) se esté enviando información personal si nuestra autorización, ahora trasladen el ejemplo que les acabo de mencionar a computadoras gubernamentales con información vital (me quiero imaginar la información que se almacena en la Secretaría de Hacienda, o quizás de lo que les habla hace rato, la información que se almacena en el CISEN) y bueno esto se puede volver un serio problema de Seguridad Nacional.

Este ejemplo que podría parecer simplón se debe en mayor medida gracias a la dependencia tecnológica que se tiene, en este caso hacia un sólo proveedor de SO’s, lo preocupante es que esto no es un fenómeno nacional sino que esto es un fenómeno a nivel mundial (bueno hay países que le apuestan más al software libre por lo que esta dependencia decae un poco, pero realmente no he oído de un país que en su Administración Pública use por completo software libre, así que esto nos afecta a todos). Pero algunos se pregutarán y ¿cómo se generó esa dependencia? y eso es justo lo que me hizo escribir el post de hoy.

Como les decía muy al principio de este post, la industria del software se mueve muy parecido a cómo lo hacen los carteles de la droga, pero no sólo en cuanto a su forma de operar y su estructura sino también en los métodos mediante los cuales “capturan a sus víctimas”.

En el caso de los carteles de la droga nadie forza a nadie a ser adicto a las drogas, pero uno de los métodos más efectivos y conocidos para generar dependencia a las mismas es a través de las dosis gratuitas.

Aquí me siento un poco moralino con el ejemplo que voy a dar, es más se me hace que estoy leyendo una monografía (de esas que venden en las papelerías con dibujos de hace 20 años sobre las drogas) pero no me importa, lo que quiero ejemplificar es que muchas veces los proveedores de drogas o “dealers” para enganchar a sus potenciales compradores, en las primeras veces se presentan como buenas personas que regalan sus productos y una vez que el comprador está enganchado, ahí “le dejan caer el diente” cobrándole lo que quieran.

Si las drogas son fuertes y generan dependencia rápidamente el comprador se verá forzado (ahora sí, pero por su dependencia) a comprar la droga al precio que le impongan pues los malestares asociados con dejar dicha droga son para la persona en cuestión mayores que seguir con la dependencia, de esta manera se genera un círculo vicioso donde el proveedor es el que saca el máximo provecho y el consumidor poco a poco se ve más comprometido en comprar la droga, pues cada vez depende más y más de ella.

Ahora pasemos con el ejemplo del software privativo, aquí los dealers serían las empresas encargadas de la distribución de los productos de software, hay bastantes, pero realmente no hay mucha diferencia de oferta y precio entre ellos, al igual que como pasa con las drogas, no se trata de que tu dealer sea directamente el “Mayo” Zambada o el “Chapo” Guzmán, no, los dealers realmente tienen una escala baja dentro de la organización y no reciben las grandes ganancias por la venta de la droga, en el caso del software, Microsoft directamente no nos vende su software, lo hace a través de dealers, perdón distribuidores autorizados.

Ahora bien, al igual que en el ejemplo de las drogas, Microsoft se nos presenta casi casi como un buen amigo y nos regala cosas, sólo que Microsoft lo hace de dos formas:

La primera mediante el “regalo” de licencias de sus programas o aplicaciones a instituciones educativas o a entidades gubernamentales, incluso hay programas por parte de Microsoft para que en entornos empresariales haya descuentos o regalo de licencias.

Habrá quien piense que esto no está nada mal, pues al fin y al cabo “el buen Microsoft” está comprometido con la calidad de la educación, o con el desarrollo empresarial, pues esta acción que a primera vista podría parecer buena, tiene tras de sí intereses bastante macabros.

Un día sólo por preguntar se me ocurrió buscar la encargada de sistemas de mi facultad, en ese momento no la encontré, pasaron varios días y desistí, así que un día le platiqué a un buen amigo y él si tuvo chance de preguntar lo que yo quería, la pregunta era ¿porqué usamos lo que usamos (SO’s de Microsoft) en la facultad?

La respuesta fue que había una serie de convenios con Microsoft que obligaban a la facultad a mantener esos SO’s, derivado de esos convenios también hay un programa en mi facultad denominado Microsoft Bizspark que supuestamente busca apoyar a estudiantes, proporcionándoles todas las herramientas de Microsoft a precios preferenciales (descuentos hasta de 95% sobre el precio final) para que puedan desarrollar proyectos tecnológicos. Como en su momento les dije, todo lo que se llegue a desarrollar con ese proyecto será propiedad de Microsoft, con lo que no le veo mucho futuro a esos “emprendedores sociales” jaja.

Pero bueno la respuesta a mi pregunta también vino con que otra de las cláusulas de dicho convenio era que no se instalaran otros SO’s pues si se utilizaban otros SO’s, ¿qué es lo que usarían los estudiantes en sus casas? ay ese Microsoft, siempre tan preocupado por nosotros.

La segunda es a través de las “dosis gratuitas” a qué me refiero, pues a las clásicas y por todos conocidas “pruebas de 30, 60 o 90 días”.

Esta última no es exclusiva de Microsoft, otras empresas como Adobe, con su suite CS, también lo hacen, te animan a “probar” sus productos, y al igual que en el caso de las drogas, una vez que estás “enganchado” al producto, una vez que lo necesitas y lo consideras imprescindible, una vez que te vuelves dependiente es cuando te dicen “la próxima dosis cuesta $$$$”.

Cómo vemos con estos dos ejemplos, Microsoft y en general la industria del software privativo, se manejan en muchos sentidos como carteles de droga, manipulando el mercado, presionando a la competencia y afectando a los consumidores/usuarios/ciudadanos.

Ahí tienen una nueva razón para desconfiar del software privativo, ya que genera dependencias muy similares a las que generan algunas drogas, destruyendo de igual forma la cohesión social.

Por último espero que no tomen a mal mis palabras en contra de las drogas, no es que yo sea un santo, de hecho en algunos casos como el de la marihuana, creo que la legalización es una buena medida, sobre todo por que conozco un poco la historia de esta droga y porque se que sus efecto son tanto o menos dañinos que el de muchas drogas “legales” que existen en el mercado, sé que hay muchas drogas que han sido “ilegalizadas” por que afectaban intereses económicos de ciertas farmacéuticas, así que no crean que escribí este post a manera de crítica sin sentido sobre el uso de las drogas, simplemente comparé dos modelos de negocio supuestamente opuestos, encontrando más similitudes de las que creía.

Esto sólo fue un ejercicio de reflexión que como les dije al inicio surgió de un viaje hacia casa de mi novia, cualquier parecido entre el software privativo y las drogas, podría ser mera coincidencia, en ustedes dejo la reflexión, espero que se den cuenta de los daños sociales que puede tener el usar software privativo, pero bueno como siempre espero sus comentarios.

Saludos.

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comentarios
  1. […] See the original post here:  Drogas y Software Privativo « Libertad Zero […]

  2. Luisa Salas dice:

    sinceramente me parece una comparacion espectacular, es un tema no muy relacionado el uno con el otro (a aparente vista) pero en realidad tiene mas en comun de lo que cualquier persona podria imaginarse…
    ¡¡ FELICITACIONES !!

    • chocochuck5 dice:

      Muchas gracias, en efecto al principio parece que el tema no tiene relación alguna, ahora no recuerdo qué fue lo que me hizo hacer la comparación pero muchas gracias, qué bueno que te haya gustado.

      Saludos.

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