Compartir y “Piratear”

El Lunes comencé con una “miniserie” de posts en los cuales tuve un ataque de pura verborrea, este ejercicio surgió como parte de una posible exposición de mi tema de tesis en una clase, sin embargo como expuse en ese momento, nunca se dio pero tampoco nunca preparé nada para exponer, por lo que decidí escribir como si hubiera dado dicha clase.

En el primer post, hablé un poco del contexto en el que vivimos en el que cada vez más vemos regulaciones que atentan contra la neutralidad de la red y la libertad en cuanto a la difusión de conocimiento, el martes hablé sobre cómo nos afectan en la vida diaria estas “configuraciones” legales y lo que implican para un modelo de desarrollo basado en la apropiación del conocimiento, principalmente en la rama del desarrollo tecnológico.

Hoy si no me da un ataque similar, espero poder concluir y les hablaré sobre cómo compartir está siendo criminalizado con el argumento de la violación a los derechos de autor y la propiedad intelectual, con la figura de la piratería.

Antes que nada yo invito a cualquiera de ustedes a que busque en un diccionario la palabra pirata, ahora bien, según el “Diccionario de la Lengua Española” de Larousse (es el que tengo a la mano), un pirata es:

“Adj. Clandestino, Ilegal; s.m. y f. Persona que se dedica a asaltar y robar barcos en el mar; FAM. Piratear, piratería, pirático.”

Abajito de la definición de pirata, podemos encontrar la definición de piratear que es:

“v. intr. Robar embarcaciones”

Entonces si seguimos esta lógica la piratería (o sea el acto de piratear) es la forma de vida de un pirata, yo no veo la relación entre un pirata y alguien que copia un archivo (sea cual sea, de texto, de audio, de vídeo, etc.).

Pero bueno ese no es el problema (a pesar de que la tergiversación del lenguaje no es cosa sin importancia), el problema con esa “desconceptualización” es que hoy lo que conocemos como piratería sea entendido lo mismo el vendedor de películas en Tepito y el que ofrece discos en el metro, que nosotros que desde nuestras casas bajamos discos y películas, entonces cuál es la diferencia, pues simple y llanamente el lucro.

Yo estoy a favor de toda campaña en contra de la “piratería” (entendiéndola como el acto de lucrar con contenidos protegidos con derechos de autor, copyright o como se les quiera llamar) pues en efecto es un delito y no beneficia a los autores y creadores, además de que en muchas ocasiones las redes de piratería son un brazo “medio legal” generador de recursos para otras ramas de la delincuencia, por ejemplo el narcotráfico.

Ahora bien yo creo que todos entendemos que el asunto de la “economía informal” no es algo sencillo, sobre todo en países como el nuestro en el que las oportunidades (buenas) de empleo (y miren que tengo 23 años y estoy por terminar mi carrera) son nulas y además esto también es reflejo de la incompetencia de las autoridades para brindar una verdadera seguridad social, hay que entender que el ambulantaje no es algo voluntario, es decir, los vendedores que vemos en las calles, el transporte público y en prácticamente cualquier lugar, no están ahí realmente por que quieran sino porque no les queda de otra.

Pero volviendo al tema la piratería, en sí, es un delito, pero ¿Qué hay de nosotros? Quienes bajamos discos, fotos, vídeos, documentos, etc. pero que los usamos o con fines distintos al lucro (pueden ser educativos, recreativos, o por el simple hecho de querer compartir), ¿también somos criminales?

Hace ya algún tiempo, escribí una entrada en la cual daba mi opinión sobre la Ley Sinde, esa entrada fue en particular polémica porque algunas personas que comentaban, estaban totalmente a favor de la Ley Sinde y prácticamente decían que se había acabado la era en la cual “la llave del grifo gratuito, estaba siempre abierta”.

Yo creo que las implicaciones de este tipo de leyes van más allá del mero hecho de cobrar o no por los contenidos en Internet, en lo personal creo que este tipo de leyes presentan como su cara “buena” la defensa de los derechos de autor, pero la verdadera cara, tiene que ver más con la defensa de intereses de las grandes industrias y sus ganancias y con mayor control (sea gubernamental o empresarial) para con los usuarios y/o ciudadanos.

Ahora bien, supongamos que esta opinión personal es errónea, supongamos por un momento que en realidad busca defender los derechos de autor, yo preguntaría quién es el titular de los derechos de autor en la mayoría de los casos, ¿los autores? No, la verdad es que los verdaderos titulares muchas veces son las editoriales (en el caso de libros), las disqueras (en el caso de la industria musical), los estudios (en el caso de la fotografía), etc. Las ganancias que reciben “Los autores originales” en muchos casos no provienen de la venta directa de sus obras por parte de “La Industria” sino de presentaciones, conciertos, muestras, exposiciones, etc.

Por otra parte analicemos a detalle qué pasa con los costos de los productos.

Volvamos a una época anterior a la de la computación actual, imaginemos la industria editorial, en esencia un libro tiene dos partes productivas, por un lado está la parte “creativa” (las ideas), pero por otra parte está la producción del libro, es decir la parte física (las hojas, la portada, el pegamento para las hojas, la tinta, etc.) estas dos partes eran fundamentales y una no “servía” sin la otra, es decir, las ideas no se difundían pero tampoco un libro en blanco servía de mucho.

¿Qué fue lo que pasó? Pues que avanzó la tecnología y cómo nos dice la teoría clásica de la economía, la tecnología ayuda a una mejor producción y a la reducción de costos, cuando surge la imprenta se alcanzan niveles de producción nunca antes vistos y además propició que bajaran los costos (no es lo mismo escribir un libro a mano varias veces, que hacerlo con una imprenta), este avance fue gracias y no a pesar de la tecnología.

Ahora volvamos a nuestra era, la pregunta es ¿necesitamos a las editoriales? (yo creo que para la parte productiva ya no) porque ahora no necesitamos una imprenta para difundir nuestras ideas, no necesitamos la parte física para poder escribir y en ese sentido los costos de producción de ese libro tienden (TIENDEN) a cero.

Puse tienden a cero, porque en esencia, gastamos energía (trabajo en teoría económica) para la producción del libro, sin embargo esta es muy muy pequeña en comparación con la producción (a la antigua), por ejemplo, podríamos sacar el costo neto de producción de cada “tecladazo” que damos para escribir un libro, podríamos asociarlo con la cantidad de energía que produce en impulsos eléctricos y cuánta de esa energía nos llega a nuestro recibo de luz, el resultado sería que por cada tecladazo gastaríamos una cifra con punto décimal y varios ceros, antes de llegar a un número entero.

Ahora habrá quien lo quiera imprimir y ahí sí implica gastos más “reales” como la tinta y las hojas, pero cuántos de ustedes tienen que imprimir todo su trabajo escrito (en mi oficina por ejemplo hay una iniciativa con varias secretarías de Estado y ejecutores con los que trabajamos, para eliminar en la medida de lo posible cualquier gasto de papel, para eso cualquier comunicado contrato y/o documentos, nos puede llegar en formato electrónico, de hecho el sistema de “archivación” que tenemos es 100% digital.

Entonces si ya no necesitamos esta parte “física” de los procesos productivos porqué los costos de los libros electrónicos, de las canciones en tiendas digitales y otros más, siguen siendo iguales y en algunos casos mayores?

¿Acaso por fin estamos remunerando a los “autores” por sus creaciones y no por la producción física de sus creaciones?

¿Acaso estamos creando una industria cultural que beneficie a los creadores sólo por sus ideas? La realidad es que no, los precios siguen siendo los mismos y la remuneración para los autores sigue siendo la misma, pero un momento, ¿no hace algunos párrafos hablé de que los costos de producción bajan dramáticamente con los formatos digitales?, entonces si los precios se han mantenido alguien está ganando mucho más de lo que antes ganaba ¿no?.

En efecto, si llegaron hasta este punto, notarán las mañas que tiene “la industria” ahora ganan mucho más de lo que ganaban antes, ya que antes el proceso de producción física de un disco, de un libro, de la impresión de fotografías, etc. corría a cargo de la industria musical, editorial, fotográfica, etc. pero ahora???

No contentos con esto, nos nublan la vista con cifras más falsas que un implante de silicón, en las cuáles resulta que “ellos” (Sony, EMI, Random House, Universal, etc.) están reportando pérdidas millonarias y por eso necesitan de la intervención del Estado o se agrupan en carteles para ejercer presión sobre nosotros los usuarios a través de regulaciones como de las que les he hablado.

¿Porqué no en lugar de hacer eso, le dan la vuelta a la tecnología? Un caso que pongo como propuesta serían losservicios auxiliares, a qué me refiero, voy a poner un ejemplo, en el caso de un libro, es verdad, hay autores brillantes que casi casi sacan “bestsellers” de la manga, autores que escriben con una calidad (creativa y técnica) superior, que estructuran perfectamente sus obras, que tienen excelente ortografía y manejo del lenguaje, sin embargo de esos hay sólo un puñado, la mayoría de los que nos dedicamos a escribir, necesitamos de algo de ayuda, no en la producción (esa como ya lo demostré la podemos hacer nosotros), pero sí requerimos ayuda en cuanto a corrección de estilo, estructuración, etc. ahí es donde la industria podría justificar sus servicios ahí es donde podrían sacar provecho, esto fue el caso de un libro, en el caso de un disco, hoy en día cualquiera con una computadora y un editor de audio puede hacer un disco de una calidad bastante competente, una disquera podría ofrecer la masterización, la edición, etc. eso como servicios auxiliares no como productos asociados a la creatividad, es decir, las editoriales y disqueras deberían dejar el papel creativo a los autores y sólo la parte técnica a la “industria” entonces los autores serían justamente remunerados a través de la calidad de su obra y la “industria” por “el soporte técnico” que ofrece, pero no por ambos procesos, eso sería un esquema justo de distribución de los ingresos y creo que es una propuesta viable, es cierto, las disqueras no ganarán lo que ganan ahora (bueno quién sabe) pero el hecho es que se han enriquecido (como lo demostré con el ejemplo de los “tecladazos” injustamente, inflando los precios).

No recuerdo si esto lo escribí o sólo quedó como idea en mi mente pero según recuerdo en un estudio, un disco (en su producción) no debe costar más de un dólar (y estoy exagerando), ese dólar es el que en teoría le debería pertenecer a la disquera, el precio más o menos promedio de un disco en la actualidad en México es entre 15 y 30 dólares, lo malo es que esos 14 o 29 dólares no están yendo al autor sino a la disquera.

Nuevamente me explayé más de lo que hubiese querido, pero me gustaría concluir ya esta miniserie, en la actualidad estamos viendo un desarrollo desigual entre producción y creatividad, en este modelo sólo unos son los grandes ganadores y la mayoría somos perdedores, no contentos con eso, nos quieren hacer ver como criminales cuándo decidimos rebelarnos ante estos esquemas injustos, lo preocupante es ver cómo cada vez más parece que perdemos la batalla.

A lo largo de la historia de la humanidad, el progreso y el desarrollo se han visto beneficiados gracias al trabajo creativo de muchas personas sin embargo ninguna de esas grandes ideas tenía un solo dueño, me pongo a pensar en un ejemplo un tanto filosófico, pero el creador del bolígrafo no era dueño de todas las ideas que precedieron a la creación de este artefacto para escribir, antes hubo gente que usó plumas de aves, y antes quienes usaron rocas y metales para escribir, antes hubo quienes inventaron el papel, antes hubo quienes usaban pinturas naturales para poderse expresar y si nos queremos ver muy estrictos, la función del bolígrafo no sería nada sin todo el desarrollo colectivo del lenguaje humano, es decir de qué serviría escribir si no tuviéramos caracteres que escribir.

Como vemos el desarrollo científico, tecnológico, cultural, social, político, económico, etc. ha avanzado gracias a la colaboración y a la distribución de conocimiento, los derechos de autor y el copyright no son más que frenos ante esa libre distribución, estas legislaciones no llevan más de 200 años con nosotros y en ese sentido hay que acabar con ellas, algunos nos quieren hacer creer que la motivación para la creación, debe ser la remuneración económica, yo creo que eso no es del todo cierto, las motivaciones pueden ser muy abstractas y diversas, pueden ser la autorrealización, la simple satisfacción o el deseo altruista de ayudar, espero que con estos pequeños (bueno ni tanto) post puedan reflexionar en las implicaciones sociales que tiene que cada vez más nos aproximemos a una sociedad de control mientras que nos hacen creer que vamos hacia una sociedad de la información abierta y libre, hay que luchar para que eso no sea un simple espejismo sino una realidad.

Saludos.

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comentarios
  1. […] miniserie de post que hice sobre La importancia y la necesidad de un código libre (partes I II y III) hablé sobre los costos de producción de los bienes y como éstos gracias a las tecnologías […]

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